iente papá me llevó al pediatra (bue... al veterinario, pero de tanto escuchar llamarlo así a mi papá se me pego). El veterinario es el doctor de los perros, lo explico por si alguien no lo sabía, yo no lo sabía por ejemplo. Estuvo preguntando entre muchos vecinos y todos le recomendaron uno muy bueno a tres cuadras de nuestra casa. Ahí fuimos a upa de papá porque yo todovía no podía pisar la calle porque no me habíaan terminado de dar las vacunas.Me atendió un doctor que se llama Martín, con cara de bueno y barbita de uno días. A mi me gustó cuando lo ví y lo miré a papá como diciendo
: "con este está todo bien". Primero me pesó, despues me revisó las orejas y me metió la mano en la boca tocandome con el dedo los dientesitos y la lengua. Después me puso un termometro en la cola para tomarme la temperatura (eso no me gustó tanto, a ver si a él le hubiera gustado que yo le hiciera lo mismo).Le dijo a papá que yo era un perro muy sanito (¡Obvio que se pensaba ese!) y le emplicó mis fechas de vacunación. Ahí a papá le cambió la cara, creo que no entendió nada (me parece que tengo un papi un poco lento de cesera), el pediatra (veterinario o doctor como prefieran llamarlo) tambié
n se dió cuenta y le preguntó a papá:- ¿Querés que te lo anote...?
Papá respiró aliviado y contesto: sí.
Ese mismo día me dieron la vacuna que me correspondía y me pegaron un pichazo. Estos se hacen los vivos: primero me ponen el termometro en la cola y después me pinchan ¡tan carita de bueno que tenía Martincito...!
Papi me compró unos bocaaditos re ricos y al final me gustó venir a la verterinaria. Además había otros perritos que me saludaron, a mi me dió verguenza y mucho no charle pero la próxima me animo y les chumbo más.


