Ella es mi primera babysitter y desde el primer momento me enamoré de ella. Su nombre es Femke, una amiga holandesa que por esos días estaba de visita en Argentina y paraba en casa. Papá tenia miedo de dejarme solo y que pudiera pasarme algo (siempre fue y será un exagerado) entonces Femke se quedaba a cuidarme. Yo me hundía en su pecho que olía a perfume de otros continentes y me quedaba dormido sintiendo su respiración, en el sillón del living, mientras ella miraba televisión. La tibieza de su cuerpo me recordaba al calor del cuerpo de mamá y mis hermanitos, que había dejado hacía poco tiempo. En sus brazos supe que estaba en un lugar seguro y me sentí amado, sabiéndome protegido y que nunca nada me faltaría. Así aprendí en simultáneo el holandés y el castellano, en una combinación de lenguas que trastornaron mi cabeza, luego aprendí a hablar inglés y francés, y me jacto de hablar más idiomas que mi padre. Femke continúo su viaje por América y un día regreso y me encontró tres veces más grande de lo que yo era, la reconocí en el acto por el perfume de su piel y el amor en su corazón.
domingo, 26 de enero de 2014
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